Si venís al centro, seguramente lo vas a encontrar caminando por la peatonal. No hace falta buscarlo mucho; la gente ya lo tiene calado y lo para en cada esquina. Es nuestro "Messi", pero este no vive en Miami, ni tampoco es parte del Mundial 2026. Este es bien de acá, de Villa Carmela, y se llama Ángel. Es un tipo de barrio, de esos que te cuentan las cosas mirándote a los ojos, sin vueltas. Pero cuando la máscara se corre un poquito, asoma un tucumano que le da pelea al día a día, como tantos otros.

Ángel es maestro panadero. Un laburador de toda la vida, de esos que saben lo que es levantarse antes de que salga el sol para amasar el pan. Sin embargo, hace un año la realidad le dio un golpe duro y se quedó sin nada. “Me quedé sin trabajo y ando buscando lo que sea. Me acerqué a unos amigos artesanos y empecé con esto para hacer un poco de plata”, le dice a este diario. El rebusque, sin embargo, no alcanza. “Estoy cobrando la voluntad o $2.000, pero es complicado”, admite.

Ángel cuenta que buscó empleo por todos lados; que golpeó las puertas que pudo, y cuando la mano se puso más negra y su bolsillo pedía auxilio, finalmente decidió ponerse la máscara del ídolo. Jura que no lo hizo ni por fama, ni por hacerse el gracioso en las redes sociales; salió a la calle porque, simplemente, no tenía para comer. Y cuando el hambre aprieta y hay una familia atrás, la dignidad no se negocia y se sale a pelear como sea.

Aun así, el personaje le permite sostener algo más que un ingreso, ya que también le brinda el motor para aferrarse a la ilusión de este Mundial, justamente, el último de la 'Pulga'. “Podemos ganar la cuarta copa, hay que confiar”, dice, mientras la gente lo alienta como si fuera el capitán verdadero. 

CON LA GACETA. Ángel se puso la 10 y se prendió a la entrevista

Él todavía no quiere mostrar la cara. Aclara que es un juego, una forma de mantener el suspenso y para que el personaje siga siendo ese héroe que la gente necesita ver. Sin embargo, tira una promesa a LA GACETA: si la Selección llega a cuartos de final, se sacará la máscara y mostrará quién es el tipo que le pone tanto corazón a este disfraz.

La reacción de la gente es inmediata. En medio de la entrevista, una nena se acerca corriendo, lo abraza fuerte y le pregunta si “¿vamos a ganar el Mundial?”. Él baja la mirada, acomoda la réplica de la Copa entre sus brazos y le responde a la pequeña con la seguridad del que sabe lo que es sufrir: “Sí, hay fe”.

Mientras tanto, Ángel sigue caminando. Saluda, posa, se ríe. Y aunque su historia está atravesada por la necesidad, este tucumano logra transformar por un rato la rutina de la peatonal en algo distinto. Porque en esas cuadras del centro, donde el día a día muchas veces suele pesar, aparece un Messi inesperado que nos recuerda que, incluso en tiempos difíciles, basta con un gesto para volver a creer en la magia de lo cotidiano.